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La Coctelera

La aurora de Nueva York

Publicación literaria dependiente, exclusiva y de ficción

6 Noviembre 2006

a Marte, por Eugenio M. DeLarge

Se filtraban por sus dedos la lengua y otros propósitos de enmienda a las decisiones de futuro en aquellos meses. Ninguno de los dos parecía estar en aquel momento de acuerdo con el sistema monógamo que corroía las jornadas de lunes a viernes en la ciudad más transitada del mundo. En los semáforos y otros lugares de reunión se conocieron hace más de dos años mientras cruzaban las calles para llegar a trabajos no muy distintos. Ahora, créanme que ahora, parecían tener muy clara una mudanza interplanetaria, pero olvidaron que en el amor el lugar no lo es todo.

Para marcharse a Marte sólo hacía falta el visado electrónico, los permisos de espacio de la embajada y conservar un par de huellas dactilares de nacimiento. En cambio, Venus y Júpiter eran destinos, acompañados de desventajas tales como la necesidad de viajar con un contrato laboral o el sanguinario reto de alejarse un par de meses luz de la familia. No resultaba muy alentador. Además en Júpiter la escasa oferta de trabajo y la recientemente descubierta corrupción administrativa desmejoraban la imagen de las grandes urbanizaciones residenciales parapetadas en las laderas volcánicas, con las chimeneas expulsando mercurio ácido gaseoso de un agradable color rosa pálido. Por su parte Venus sufría una desproporcionada descompresión de hidrógeno en el espacio oxigenado artificialmente. El ejército se había desplegado rápidamente para reforzar con emisiones de helio aromatizado los centros urbanos, lo que había provocado un agudo y gracioso tono en la voz de la población. Era magnífico ver a todas las presentadoras de televisión venuinas sonrojadas con éste motivo ante las cámaras HDTV en los canales que emitían por satélite.

Quizá por todo ello la decisión fue Marte.

Un par de siglos antes, cuando la antigua composición de Estados Unidos se desentendió de su control en el diálogo internacional sobre la comunicación de 2023 (IDCV), Internet se dividió en tres grandes redes de comunicación: América y Europa, Asia central y Oriente; las únicas zonas pobladas de la Tierra. Así que debido a su localización ellos buscaron, en la mal llamada “Occ.net”, un billete a Marte en las compañías de vuelo espacial de bajo coste. Unos amigos les habían encontrado una caravana en un camping marciano a las afueras de Vitra, capital de Shelleriam, donde la comunidad vecinal les esperaba ya ansiosa por contrastar noticias sobre lo sucedido tras la reconstrucción de la capa de ozono y la descomposición de los polos que había sumergido a Oceanía bajo el agua para siempre, coincidiendo con el final de la despoblación de África. Agua caliente con un PH moderado, cocina de gases naturales, ADSL2 local a 10 exabytes y el bajo precio del cobre-combustible terminaron por convencerles.

Empezó, así, un tiempo de despedidas familiares y de desgarradoras escenas de sinceridad. Envejecieron en cuestión de días unos años, y fueron tantas las imágenes almacenadas para la nostalgia que Marte ya era inevitable. No podían volver atrás en su decisión, y de esto hablaban durante la instantánea al amanecer en el hotel la mañana del viaje en la ciudad de despegue.

Poco antes de desintegrarse la nave en la que viajaban y morir ella le dijo:

-No volveremos a ver a nuestros padres vivos. Ha sido una decisión muy difícil, no sé qué pensar ahora mismo…- y se quebró su rostro en un llanto amargo, y si cabe fueron más espesas sus lágrimas que las derramadas horas antes.

Él, con la mirada perdida, le contestó:

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