Capgras, por Holly Golightly
Varón de 39 años sin antecedentes de enfermedad conocida.
Clase media-alta, profesión liberal y adosado con piscina en forma de riñón.
Todos los martes por la tarde juega una partida de tenis en el Club Social mientras su mujer, N.I, riega las plantas y fuma la marihuana que cultiva entre petunias. Mientras su hija preadolescente, H.N., compite en el ‘Aprieta o Corre’ (en sus respectivas variantes) con muchas otras iniciales en el patio trasero.
Varón de 39 años cuyos primeros síntomas de cambio conductual acusado se manifiestan en forma de alteración del patrón sueño-vigilia y de trastorno en la conducta alimenticia y que en la madrugada del 13 al 14 de agosto en el salón de la casa adosada hace un descubrimiento “aterrador”, según relatará él mismo ya en la unidad de agudos.
Desde el sillón orejero y en medio de la final del campeonato emitido vía satélite descubre los perfiles de “dos entes que han suplantado la identidad” de los seres originales que esa misma tarde han regado las plantas y han jugado en el patio trasero.
Varón de 39 años que compra una libreta cuadriculada de tapas rojas donde empieza a registrar las “sutiles diferencias” (empezando por ligeras variaciones de peso y talla) que delatan a las “impostoras”.
Que confirma la existencia de una “conspiración” contra su persona “urdida y perpetrada por dobles no humanos” de familiares, vecinos, transeúntes con o sin sombrero, mascotas, empleados del Club y un largo etcétera.
Que en un registro rutinario de sus facciones frente al espejo se da cuenta de que le han implantado un “GPS” en la oreja izquierda. Que se compra una recortada y la esconde debajo del colchón. Que en el descarte de motivos concluye con la existencia de una inteligencia superior extraterrestre que ha campado a sus anchas en la zona residencial de casas adosadas. Que el día de la festividad local saca la recortada y pone “perdido de salpicaduras el mantel” para la comida familiar. Que no responde a la medicación y acumula cajones de libretas cuadriculadas de tapas rojas en habitaciones blancas con olor a desinfectante.
