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La Coctelera

La aurora de Nueva York

Publicación literaria dependiente, exclusiva y de ficción

21 Mayo 2006

Almuerzo con diamantes o la pálida desnudez de la sociedad abrasada, por Vincent Ferré

Pensaba que el odio era algo inalcanzable pero me equivocaba. Creía que hablando se exorcizan todos los males y estaba convencido, finalmente, de que amar era un juego para niños. Pan comido. Trato hecho. Dulce Navidad. Je t’aime (moi non plus).

Los espárragos del rock sufren sin lamentos oníricos la sempiterna remodelación del circuito visual y artístico de la sociedad abrasada. Los ladrillos rojos chillan sin pasión ni temor a la derrota interna, absorben lo sucio en la sombra calina y desplazan aquello que es fútil. Funambulistas del amor, fanáticos de la luna llena, fármacos y funerarias en quiebra. Las águilas del imperio perdido sobrevuelan mentes con ojos cerrados y se dirigen a una promesa a la que nunca creyeron. Inerte es el cuerpo vencido y elevado el alma cristiana de la pasión. No se resuelven los acertijos del espíritu sin huir hacia el infierno, no se adelanta la vida sin morir ni matar. Mato y matas a los malvados mártires del mercantilismo mercenario, amaestras amatistas sin brillo y mariposas de plomo. Crees merecer lo que no posees porque creer en refranes respira por ti.

Un ábaco es un objeto de sangre caliente y contaminación invisible. Un espejo determina tu deforme existencia por siempre. Un intruso es el Ángel Gabriel que te transforma en Lázaro mendigo. Un sexo reúne el universo de una historia interminable, respira lágrimas de sudor y contagia olores de pútrido alcance. Un caballero te golpea sin armas ni sonrisas, agita sus brazos sin desprecio ni ira, camina solo sin entristecer. Un escritor muere.

La arena es el escenario de esta epopeya, los héroes dejaron de existir hace tiempo, las guerras no serán hasta que el fin del mundo llegue. El apocalipsis será de tierra y grava, más grisáceo que los irresistibles ojos de la compasión, más placentero que la lujuria de pecado asiático.

Corren tiempos de desesperanza reprimida, miramos por ventanas esperando a que llegue el tormento personal del amar, nos recorren ríos por dentro que no controlamos y apenas podemos nombrar al que nos encierra sin razón. El salto al vacío de la existencia es talar árboles de la prehistoria que vivimos, correr en círculos se convierte en una ceremonia de cerbatanas en celo, en el cáñamo de una flor sin veneno, se oye el rugido de la semilla por nacer, tiembla la tierra húmeda de poder y tumulto.

De importancia vital es la ablación. Hablamos en habitáculos del miedo sin más compañía que la casual. El destino de hacernos hermanos roza lo imposible cuando es éste al que todos deseamos sin resignarnos. Sentados sobre una mesa retozamos constreñidos por el cuerpo disfrazado de trigo. Sorprenden las amapolas de una boca virgen y evocan sin querer amor escandinavo. La violencia de una verdad consigue asesinar pájaros de procedencia aleatoria, destruye el falaz equilibrio del deseo consumado, restriega sin arañar el anaranjado plata del vientre hinchado y responde con ráfagas de misterio la retórica costumbrista de los damnificados.

Llegan los diamantes sin corazón articulado. Los pastores del invierno rechazan el calor de lo inquebrantable y giran sobre sí mismos en danza perpetua de celebración pagana. Los barcos ya no distinguen proa y popa, ya no necesitan de timón ni capitán, el naufragio del valor arrastra de sal el gentío agitanado. Hombres que vuelan y cenan sin alimentarse en decorados de película policíaca, trajes de costureras maniatadas y cabezas enanas y camareros que no son pingüinos sino jugadores de ruleta rusa. Es la segunda batalla de cristal.

Penetra la patria de la perfección. La jeringuilla teñida de sueño proporciona el cadáver de belleza valiente y fabrica hilos de oro por las venas de vanidad. Se acumulan fármacos sin fecha ni importe, explotan bombas internas sin consecuencias mundiales, se priva de comer la que escupe masturbaciones de delito y se desnuda con zapatos aguardando el momento de correr sobre el río.

Música y más música es lo que merecen. Mímica y no música es lo que son. Monos analfabetos cantan sin coronas la victoria de lo corintio, brillan agujas de cristal líquido y sube la temperatura de una sala que por oscura parece una existencia crónica. Se alza la voz una vez y otra, se vacían copas de color malva y se fuman sin dolor cigarrillos de franceses asaltados. Nunca arriba el sereno silencio de las miradas, nunca surge la decencia de las faldas, nunca, existimos sin la farsa.

Sabia es ella que todo lo ignora. Erguida y risueña respira teatralmente el aire de los vencedores. Perdona con la superioridad de una Enea enfurecida y usurpa con su aliento cualquier resto de articulación a su alrededor. Se miran frente a frente sin perder placer ni plagio. Eyaculan voces de inteligencia criminal. Conquistan sin resistir la putrefacción de las armas.

El fuego de soldado fraticida acaba por resolver su liberación. Perturbados y temporalmente ingrávidos ya no discuten sobre el colonialismo de ejército asilvestrado, ni hablan sin prosa las metáforas de su renovada existencia. Se miran sin ojos el sosiego de sus almas, disfrutan del abrasador juego de los diamantes. Todo brilla por un segundo de eternidad y es entonces cuando se revuelve la normalidad amañada.

Es la paz de ficticia retórica. Mas vendrán un día batallas de cieno, cumbres de la verdad nunca alcanzada. Los diamantes nos rodearán sin miedo equívoco y los pájaros comenzarán su canto final. Las personas impertérritas escucharán amablemente el delirio, los cerdos de barro dorado serán hacinados en camiones de avaricia y muerte, las prostitutas mutilarán el hambre de entre los vivos, y las serpientes, como los hombres, morirán sin veneno que las salve.

servido por laauroradenuevayork 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

caramelo

caramelo dijo

El desasosiego que te caracteriza, el sentimiento... desgarrador, mejor que nunca

22 Mayo 2006 | 02:31 PM

VIñas

VIñas dijo

Que brutalidad tienes en la lengua.
Tu veneno germina en los poros del más pintado.
Joder... que sinceridad.
Me siento taaaan identificado... espero no ser el único.

22 Mayo 2006 | 04:34 PM

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