La aurora de Nueva York Publicación literaria dependiente, exclusiva y de ficción 2006-11-20T06:52:17+00:00
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Motor the-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thing La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/20/posiciones-ingravidas-eugenio-m-delarge Posiciones ingrávidas, de Eugenio M. DeLarge 2006-11-20T06:52:17+00:00 2007-11-06T07:24:38+00:00 <p>Las historias no siempre empiezan por el principio, aunque quizá para ella así fuera. A mitad de concierto, en el entreacto que para el cantante supone el trago de agua que suaviza las paredes resecas de su garganta por el aire exportado de sus pulmones hasta el micrófono, descubro, algo perplejo, que cada 7 ú 8 compases de 4 por 4 alguien me mira desde el oeste, a una latitud un tanto más sureña que la de mi barbilla. Pasa una, dos y tres canciones y, de reojo siempre, veo que la mirada se repite en contrapicado como buscando una respuesta silenciosa y complaciente. Con una estrategia probada, doy un pequeño paso atrás y evito mi reojo continuo al abrir unos grados más mi campo de visión. Ella se da por descubierta y la frecuencia de sus miradas disminuye durante un periodo al doble de compases. </p> <p>Al poco recupera el anterior ritmo de cuello y búsqueda. </p> <p>Yo, que muy tímido soy para estas cosas, niego un tuteo directo de ojos, y juego en la canción instrumental de la noche a dibujarla en mi mente por no mirar. Camiseta a rayas muy gruesas, yo diría que blancas y negras, y un combinado de alcohol, cola, hielo y limón que es el mismo desde hace un rato, a medio vaciar, es lo primero que puedo trazar. El pelo muy corto, negro, y los ojos deben ser como mínimo igual de oscuros y enormes, tanto como para descubrir unas pupilas violeta intenso, por el neón de la sala. </p> <p>Pasan las canciones. El concierto encara su recta final y ambos lo sabemos. Yo me lo tomo más en serio que ella ahora; soy quien evita y busca a la vez, resultando complicada la situación para mi sistema nervioso. La música nos zarandea tanto que nos rozamos varias veces llegando al éxtasis sensorial de quién se niega a dar un paso desde el anonimato. Sigo sin mirar. Ella pierde el interés en las canciones impares, si es que lo había, y varía la longitud hasta la barra para recargar el vaso de tubo que ya duraba demasiado. </p> <p>Al volver del oasis a nuestro desierto creado, no sin cierta dificultad de mantener el contenido en el recipiente entre los agitados cuerpos del camino, se queda ella un poco más cerca de mi piel supurante de quietud. Me lo tomo en serio. Lo pienso. Será un instante, me digo, pero decisivo, lo sé. Se enfría todo el sudor, en especial el de la nuca. Cierro los ojos y cuando termina el estribillo la miro por primera vez. Ella me mira mientras bebe y se da prisa por bajar la mano para sonreírme con tanto ímpetu que se le marcan múltiples estrías en el rictus y su nariz se estira apuntándome con una dulzura inesperada. Ya está. Pasa el momento y vuelvo a mi posición. Miro aturdido el escenario lleno de luces que parpadean al ritmo que laten, al menos, dos corazones en el espacio pluricompartido. Siento el unísono de las intenciones. De repente, escala de puntillas hasta mi oreja y me inclino sin explicación hasta acercársela. ¿No bebes un poco?, me dice, y yo con un gesto natural asiento y tomo de su ron joven por el borde cristalino con un último sabor a vainilla inolvidable hasta el momento. Consigue mojarme la garganta y hacerme hablar. Se acaba el concierto justo cuando se intercambian nuestras dos primeras frases; se intercalan con sonrisas y una serie de recursos preparados en los minutos de tensión vividos. Todo fluye hasta que no quedan luces ni amigos dentro de la sala. El tiempo resulta un bien escaso ahora, entre los dos, y nos diluimos finalmente sin pasar por la casilla de salida.</p> <p>La música es propolio puro, capaz de explotar, inyectado entre venas y arterias a través del tímpano, en mitad del proceso de oxigenación sanguíneo; capaz de distorsionar la percepción del entorno y el espacio y afectar a la memoria y el recuerdo. Pero no es el caso, y pido disculpas por el penúltimo párrafo que es de ficción. Del resto puedo asegurar que así fue, y que aguantamos la posición durante una hora y media para desaparecer con facilidad y caer en el olvido inerte de quién se dedica a guardar pequeñas historias desaforadas a cambio de un poco de vanidad literaria. ¿Dónde está el placer humano?, ¿podemos construir un canon sobre los intereses y gustos más esenciales? Me resulta imposible acertar a contestarme. Contestarme sería todo un placer, aunque no sé si tanto como el actual gusto de engañarme y mentir a los demás. Si lo ficticio del texto fuera real, jamás os hubiera contado nada de esto. Aguantar las respiración en posiciones ingrávidas no es tan sencillo, advierto.</p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/11/una-anhelo-vincent-ferre Una de anhelo, por Vincent Ferré 2006-11-11T17:11:00+00:00 2007-11-06T07:23:34+00:00 <p>Cuando se abalanzan acantilados sin escarpias ni parlamento organizado es imposible no detenerse a observar el huracán de esa elegía que te cubre y te lleva y trae hacia una angustia que sólo es angustia por su interrogación retorcida, pues sabes y sientes bien qué buen auguro es la desoladora soledad que no sólo amenaza, sino que además actúa en consecuencia sintomática de lo que es una vida sin vida ni obra ni alma bendita que pueda salvar a ningún mortal del absurdo.</p> <p>No puedo soportar la ignorancia del miedo, el miedo a la oscuridad, la oscuridad invisible, no puedo decir cuán imbatible es eso que no huelo, esa malvada sensación que no es tangible aunque sí empírica, porque duele, y cuando duele lo negro es porque en realidad somos meros párpados de azúcar derretido ante una realidad mucho más insuperable que verdadera, pero es que a quién cojones le puede importar la verdad.</p> <p>Me recorro sin descanso buscando placer de mental bacanal y a pesar de que me sé mucho más débil que un ternero de placenta sangrante, sé y conozco también los diabólicos juegos griegos y las densas arboledas de origen romano que inexorablemente intentan taparte para matarte, enterrarte sin más existencia que la extinguida y, en fin, básicamente deconstruirte por piezas con maquinaria de magia ligera y endogamia maquillada. No hay porqué tomar pelos ni sentir siniestro, el final siempre llega, pase lo que pase.</p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/10/aprendiz-invierno-vincent-ferre Aprendiz de invierno, por Vincent Ferré 2006-11-10T12:23:39+00:00 2007-11-06T07:23:27+00:00 <p>Problemas de retina y humo<br /> Enardecido por estetas y otros<br /> Merodeadores de la depredación<br /> Televisivamente juvenil, humanamente<br /> Misérica, asterisco de impresión<br /> Es un seminario de congosto<br /> Sin mayor América ni engaño.</p> <p>Soy y me siento profesor y maestro<br /> Reducido a polvo literal arrastrado<br /> Entre mareas orgánicas de tinta<br /> Que no es sino verbena morada<br /> Para el honor invernal de batalla<br /> Ocaso de tierra roja.</p> <p>Digo tierra, mi rabia y raza<br /> Marchita árboles que amenaza<br /> Arrodillado frenético astuto<br /> Se transforma el bipolar bilabial<br /> Escondido por el extralunar azabache<br /> En la piel dura y rasgada.</p> <p>Orgasmo encendido se derrite<br /> Y hojas secas gritan<br /> ¡Tierra muerta te detenga!<br /> Ahora se aleja la sombra<br /> Del vendaval y la niebla<br /> Nuevo silencio se escucha<br /> La carne camina quieta. </p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/06/siete-holly-golightly Siete, por Holly Golightly 2006-11-06T11:39:00+00:00 2007-11-06T07:22:57+00:00 <p>Soberbia</p> <p>Le aburre la gente. Bosteza en medio de una conversación soporífera junto a la máquina del café. La capulla del Master habla del Parlamento Europeo y de la crisis del sector textil. Los de Contabilidad coinciden en elevar a la categoría de obra maestra el disco nuevo del músico que hace ruiditos. Alguien le pregunta algo y él hace un gesto de desdén y da media vuelta sin más. Está por encima de todos esos mediocres y algún día...</p> <p>Avaricia</p> <p>Cierra despacio la puerta del despacho, baja la persiana y descuelga el auricular. Podría haber compartido la información con su socio, pero se da cuenta de que es mejor actuar por su cuenta. Sonrisa triunfal. Al fin y al cabo, tampoco es que sean amigos. Se regodea pensando en la pasta que va a ganar si cierra el acuerdo. </p> <p>Lujuria</p> <p>La observa mientras se viste. Siente asco al darse cuenta de que ya esta vieja y fofa. Hoy le ha costado lo suyo conseguir una erección. Se siente aliviado al comprender que éste será su último encuentro. Tarde o temprano tenía que pasar, y, además, ya su mujer no se traga la excusa de las reuniones de urgencia. Tiene que buscarse una sustituta. Piensa en las gemelas. Ya en la puerta de casa, percibe que vuelve a tener una erección.</p> <p>Gula</p> <p>Casi se deprime cuando ve el menú que le ha preparado siguiendo "a rajatabla" –lo remarca en la discusión la muy zorra-- las instrucciones del endocrino. 'Una dieta sana', ya. Mierda de cosas verdes que no saben a nada; eso es lo que es. Juega a aplastar los guisantes con el tenedor durante un buen rato y finge interés por el partido. Cuando ella se acuesta, abre la nevera y come. Come sin parar con las luces apagadas. Mañana le pedirá al de Recursos Humanos que le venda un par de botes de esas pastillas saciantes que pasaba. Lo que tiene que hacer a partir de ahora es descartar los alimentos altos en colesterol.</p> <p>Envidia </p> <p>Entra de peor humor que de costumbre en la oficina. El nerd de Operaciones Exteriores le ha quitado el aparcamiento con su puto deportivo nuevo. Se cree que por comprarse un descapotable rojo ya la gente no se va a dar cuenta de que se le nota en la cara que se meaba en los pantalones en el Instituto. Igual hasta ha tenido que pedir un préstamo. ¿De dónde sacará la pasta? Tiene una casa en la mejor zona de la ciudad... Coge las llaves del coche, mira hacia ambos lados y raya la puerta del conductor. </p> <p>Pereza</p> <p>Decide tomarse la mañana de relax que para eso es el jefe del departamento. Da las instrucciones pertinentes. Uno de los nuevos hace ademán de protestar cuando le encarga que agilice tres de los contratos pero tiene la sensatez de morderse la lengua justo en el momento oportuno. Pide a su secretaria que no le pase las llamadas. Se recuesta en el sillón y pone la tele. Oye murmullos al otro lado de la puerta y suelta una carcajada. Todavía creerán esos ineptos que pueden quitarle el puesto. </p> <p>Ira</p> <p>La becaria llora y moquea por el error garrafal. No va a servirte de nada, bonita, que has echado a perder varios millones. Chilla, chilla tanto que la gente le mira horrorizada y en silencio. La envía a la puta calle y sigue gritando a diestro y siniestro hasta que empieza a sudar. Siente náuseas y le oprime el pecho. Cae en la cuenta de que por culpa de esa descerebrada está sufriendo un ataque al corazón. Se desploma y alguien deja escapar un gritito ahogado. </p> <p>...</p> <p>"...Buen esposo y padre; trabajador incansable y gran amigo; poseedor de las virtudes de las que hablaba Santo Tomás: humildad, paciencia, templanza, caridad, diligencia... Descanse en paz"</p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/06/lo-nuevo-eugenio-m-delarge Lo nuevo, por Eugenio M. DeLarge 2006-11-06T10:07:35+00:00 2007-11-06T07:22:55+00:00 <p>De arriba abajo, y mírame: de un lado a otro. Allá que voy combativo cuando vuelvo para no quedarme en las mismas sábanas durante un par de meses. Será que me gusta cargar el coche de ropa y libros. La carretera es más blanda cuando te marchas y empinada cuando llegas. El camino siempre es el lugar, por más que te pierdas. </p> <p>Arriba y a bajo por las escaleras, y si el sudor se acumula en el trayecto que va de la espalda a la vergüenza, ya no dolerá el grito sordo que vendrá angustioso, más tarde, a acaparar la noche siguiente a la tormenta: la huida de un lado a otro por pies, obra y omisión. Lo que dejo es perecedero en el ambiente y lo que me llevo es íntimo e irrevelable: lo que me quedo es el camino. </p> <p>Cuando los botones de la camisa aprietan de frío y las caravanas se acumulan vendiendo sus grasientos perritos calientes en las jornadas dominicales de la contigua parroquia, el vertedero de huesos y risas se va de nuevo a posar a un comedero de patos donde le traten mejor. ¡Y sin rencores, oiga!, que aunque no es un buen trago dejar la cama que le atrapó insomne de amor, uno sabe reconocer los buenos momentos, que los hubo por destierro, por dinero y con alcohol. </p> <p>No durará mucho de nuevo, me temo, puede que otro par de meses y “hasta luego, buenas tardes” para no volver o continuar, según me mires. </p> <p>Yo, que carezco de escrúpulos (incluso al reconocerlo públicamente), me veo desahuciado por mis quehaceres que ahora andan escasos de salario y altivos de búsqueda. Me veo “like a“ yonki de barrio en las privadas aulas de una institución catódica de frases fúnebres y consejos al prójimo; todo por mi bien. El orgullo familiar se ensalzará con puños y confeti reciclado ante la “reentrée” pródiga, que más me vale. </p> <p>Pero me explico: no voy a negar que el gancho de derecha me pilló con un mal juego de piernas y desprevenido hasta el tambaleo. Fue una sucia artimaña afectiva que desde la matriz de la empresa me vino a joder las últimas noches de soledad. Con un cargo de conciencia del tamaño de un pomelo en mi garganta y de un guisante en mi corazón, empecé a doblar ropa limpia sin planchar y otros enseres de menor necesidad. Quede claro que me niego a contradecir a los directivos, y quede claro también que no pienso dejar de cobrar las horas extras que pase limpiando a los santos y cristos en el telediario. </p> <p>Para los beneficiados fiscales anuncio la descarga eléctrica de mi carcajada ecléctica que azotará disléxica la calma social del momento. No se crean que me relamo con los cereales matutinos o que en el plato de legumbres bisemanal perderé los kilos que las cenas de ultra-congelados y otros polisaturados al uso se me otorgaron un feliz día, por cortesía de Consum.</p> <p>- </p> <p>Descubro a mi llegada un habitáculo dorado. Los peces ya no viven en este acuario, y los dedos inocentes siguen marcados en las paredes de sexo adolescente que se agolpan en mi mente a la velocidad de un rayo. Suena a gloria el puto “Exile on Main Street” de los Rolling aquí adentro y me revienta reconocerlo pero voy a ser de nuevo joven, irrelevante e indiferente. Vaya donde vaya, siempre termino pensando lo mismo, y hasta a veces es así. </p> <p>La realidad me persigue, de momento. Sobrevivir me repite. Giran horas por todas partes y las nuevas serán donde antes. Muere más gente de lo que parece. Para no olvidar, para no volver, por no tenerte, me vuelvo a Marte, hasta nuevo vuelo. </p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/06/a-marte a Marte, por Eugenio M. DeLarge 2006-11-06T10:06:45+00:00 2007-11-06T07:22:55+00:00 <p>Se filtraban por sus dedos la lengua y otros propósitos de enmienda a las decisiones de futuro en aquellos meses. Ninguno de los dos parecía estar en aquel momento de acuerdo con el sistema monógamo que corroía las jornadas de lunes a viernes en la ciudad más transitada del mundo. En los semáforos y otros lugares de reunión se conocieron hace más de dos años mientras cruzaban las calles para llegar a trabajos no muy distintos. Ahora, créanme que ahora, parecían tener muy clara una mudanza interplanetaria, pero olvidaron que en el amor el lugar no lo es todo. </p> <p>Para marcharse a Marte sólo hacía falta el visado electrónico, los permisos de espacio de la embajada y conservar un par de huellas dactilares de nacimiento. En cambio, Venus y Júpiter eran destinos, acompañados de desventajas tales como la necesidad de viajar con un contrato laboral o el sanguinario reto de alejarse un par de meses luz de la familia. No resultaba muy alentador. Además en Júpiter la escasa oferta de trabajo y la recientemente descubierta corrupción administrativa desmejoraban la imagen de las grandes urbanizaciones residenciales parapetadas en las laderas volcánicas, con las chimeneas expulsando mercurio ácido gaseoso de un agradable color rosa pálido. Por su parte Venus sufría una desproporcionada descompresión de hidrógeno en el espacio oxigenado artificialmente. El ejército se había desplegado rápidamente para reforzar con emisiones de helio aromatizado los centros urbanos, lo que había provocado un agudo y gracioso tono en la voz de la población. Era magnífico ver a todas las presentadoras de televisión venuinas sonrojadas con éste motivo ante las cámaras HDTV en los canales que emitían por satélite. </p> <p>Quizá por todo ello la decisión fue Marte. </p> <p>Un par de siglos antes, cuando la antigua composición de Estados Unidos se desentendió de su control en el diálogo internacional sobre la comunicación de 2023 (IDCV), Internet se dividió en tres grandes redes de comunicación: América y Europa, Asia central y Oriente; las únicas zonas pobladas de la Tierra. Así que debido a su localización ellos buscaron, en la mal llamada “Occ.net”, un billete a Marte en las compañías de vuelo espacial de bajo coste. Unos amigos les habían encontrado una caravana en un camping marciano a las afueras de Vitra, capital de Shelleriam, donde la comunidad vecinal les esperaba ya ansiosa por contrastar noticias sobre lo sucedido tras la reconstrucción de la capa de ozono y la descomposición de los polos que había sumergido a Oceanía bajo el agua para siempre, coincidiendo con el final de la despoblación de África. Agua caliente con un PH moderado, cocina de gases naturales, ADSL2 local a 10 exabytes y el bajo precio del cobre-combustible terminaron por convencerles.</p> <p>Empezó, así, un tiempo de despedidas familiares y de desgarradoras escenas de sinceridad. Envejecieron en cuestión de días unos años, y fueron tantas las imágenes almacenadas para la nostalgia que Marte ya era inevitable. No podían volver atrás en su decisión, y de esto hablaban durante la instantánea al amanecer en el hotel la mañana del viaje en la ciudad de despegue. </p> <p>Poco antes de desintegrarse la nave en la que viajaban y morir ella le dijo: </p> <p>-No volveremos a ver a nuestros padres vivos. Ha sido una decisión muy difícil, no sé qué pensar ahora mismo…- y se quebró su rostro en un llanto amargo, y si cabe fueron más espesas sus lágrimas que las derramadas horas antes.</p> <p>Él, con la mirada perdida, le contestó: </p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/11/02/devil-came-to-me-vincent-ferre Devil came to me, por Vincent Ferré 2006-11-02T14:44:52+00:00 2007-11-06T07:22:15+00:00 <p>Armaos hermanos en valiente sodomía<br /> Aprehended versos abyectos y letras<br /> Anacrónicas, amargamente ácidas<br /> Amputadas sin vergüenza ni amor.</p> <p>Porque el amor no existe<br /> En barcos de agua<br /> En edificios de cristal y piedra<br /> En una barraca que grita<br /> Rabia arranca razón rezos<br /> Estremecidos por puentes<br /> Abrasado perro de caza<br /> ¡Pronto, apresaos!</p> <p>Apresaos con maestría<br /> Pues tiempo y día se conjugan<br /> Extranjera herramienta, penumbra<br /> Se arrastra la cobra moribunda<br /> Tragando la ambivalente justicia<br /> Para sí, egoísta sin narcisos<br /> Sin flores ni hermanos<br /> Maldecida y valiente se declina<br /> Multiplicada, pálida, angustia<br /> Una puerta se desangra.</p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/10/29/iros-la-mierda-vincent-ferre Iros a la mierda, por Vincent Ferré 2006-10-29T16:34:27+00:00 2007-11-06T07:21:41+00:00 <p>Les dijeron los novelistas del siglo XXI a los poetas anormales, taciturnos y servilmente románticos de hace un par de siglos atrás. Les dijeron, yo digo, les dijeron que se fueran lejos y olvidáranse de cualquier fruto y arándano y que cerrasen el pico y callasen la boca y se dejasen y dejaran al resto y a la suma de todos de aliteraciones vanas, estúpidas, vacías por antonomasía pero también que abandonases su alma de inteleguia e ininteligibilidad. Chupaos esa, Goethe, Góngora, vuestros sucesivos y ancesivos o ancestros están más que muertos en el año de la gramática imposible o año del Código.</p> <p>Leonardo, tu nombre es una mierda en el siglo XXI. Ni siquiera nadie lo asocia a una rueda ni a la primera nave espacial, ni disfruta imaginando lunares ni planetoides ni alasdelta o transportes suburbanos que desaparecieran o esen sin más deseo que la geometría siempre tan perfecta. En lugar de ello te relacionan, ¡oh, Leonardo! te relacionan con un vagabundo o un homosexual, un naúfrago con síndrome de down que piensa que todo siempre mejorará. Ilusos, no saben casi nada estos fracasados que dedican su existencia a bañarse en mierda y mirarse en espejitos que son imágenes o meretrices de sus madres mantenidas por hombres y manes. Cuánto daño has hecho, colonia colonizante.</p> <p>Los poetas, que son previsibles como un discurso de travesti destetado, aluden a su derecho natural de naturaleza herida y sentimiento barroco y se sienten otra vez encarcelados en una libertad de la que no dejan de hablar como cacatúas en celo o almendros japoneses en flor. Dice uno: "Yo he atravesado bosques de hoja multicolor, y he sentido el orgasmo del árbol caído tras el éxtasis que supone el aniquilante rayo del cielo de divinidad orgánica. Yo, que sólo soy uno como todos, he podido acariciar troncos y ramas que más me parecían miembros y cabezas que membranas de tierra muerta. ¡Abrid los ojos, prosaicos prosistas, levantad las manos sin atender derechos de autor ni Venecias de muerte!"</p> <p>Perdedores, nunca saldrán del desgraciado bosque de aliagas. Prosigamos la novelita del día. Madrid, milnovecientosnoventayocho, iba un hombre por la calle que había perdido sus gafas y de repente se encontró con otro hombre o mujer. Vaya, comienzan las casualidades, de eso los poetas no entienden. Así les va. </p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/10/25/olvidio-vincent-ferre Olvidio, por Vincent Ferré 2006-10-25T15:34:25+00:00 2007-11-06T07:20:52+00:00 <p>Poseo treinta segundos de agonía<br /> ni un sólo punto de fuga en la nevera<br /> donde veo sombras de bulimia<br /> arriesgando huesos y centeno, enviando<br /> descargas contra un cuerpo<br /> mudo por macilento, inverbe<br /> por osadía.</p> <p>Dedico un poema que no es de amor<br /> ni de olor, ni de herejía, te escribo un hueco<br /> desnudo, un lamento de la risa.</p> <p>!Y cómo oigo tus palabras!!<br /> !Cómo me amarga la dicha!<br /> mala carne siembra suelta<br /> laberinto o madera sucia.</p> <p>Debes escupirme sin manos que arresten<br /> la febril valentía que careces<br /> la rondalla severa de barcos que náusean<br /> mi corazón es un vómito de severos asustados.</p> <p>El tiempo es lo primero que termina<br /> un estruendo te recubre te turba y grita<br /> poetas de mierda, que aprovecháis el silencio<br /> de la oscuridad fictica, del dulce amor<br /> inocente, de la fortaleza inútil que es<br /> la metáfora sin la vida.</p> La aurora de Nueva York /imag/ed/otro65x65.png http://laauroradenuevayork.lacoctelera.net/post/2006/10/24/poema-del-lujo-vincent-ferre Poema del lujo, por Vincent Ferré 2006-10-24T13:28:24+00:00 2007-11-06T07:20:44+00:00 <p>Por qué sólo puedo tomar uno<br /> de tantos álamos en invierno<br /> que se alimentan a sí mismos<br /> con el placer del narcisismo<br /> nacen frutos circuncidados<br /> envidia de atractivos vagabundos<br /> que se venden en esquinas de gracia<br /> sin vergüenza ni dinero.</p> <p>Hubo un escrutinio reciente,<br /> Una casa en llamas que gritaba<br /> Alarmada y derruida<br /> Arrastrándose sobre el asfalto<br /> Ardiente como una cobra cabreada<br /> Una suerte de fuego interno<br /> Muerte que apacigua y calma. </p> <p>Cantan los huérfanos de amor<br /> Las brasas que reclaman justicia<br /> Y los bomberos configuran el entierro<br /> De lo manido y muerto, del imaginario<br /> Colectivo y desnudo, inocente<br /> Pájaro en libertad simulada,<br /> Y un abrazo de argón se aparece<br /> Para matar la cal y distribuir<br /> Las vírgenes semillas, que son<br /> Una desgracia sin receta, herederas<br /> Arrancadas de flores torcidas<br /> Mutiladas, flores rotas, seres<br /> Tan apagados como la inexistente<br /> Luna, asesina de palabras.</p>